Fran Casaretto, reconocido influencer libertario que públicamente manifiesta su apoyo al presidente Javier Milei, utilizó sus redes sociales —donde reúne cientos de miles de seguidores— para compartir, en tono de burla, imágenes de un partido de fútbol femenino de la Liga Venadense. El episodio generó críticas y abrió nuevamente el debate sobre la necesidad de acompañar y valorar el crecimiento del fútbol femenino en Venado Tuerto y la región.

“Esto no puede ser en serio”, expresó Casaretto al publicar el video de un encuentro correspondiente a la primera fecha de la Zona 2 del Campeonato Oficial de la Liga Venadense de Fútbol.

Las imágenes corresponden al partido que Centenario derrotó 10 a 0 a Unión y Cultura, un resultado amplio que, lejos de ser utilizado para ridiculizar a las protagonistas, debería entenderse dentro de una competencia deportiva en crecimiento y de un proceso que lleva pocos años consolidándose en la región.

El video original pertenece a Tauro Stream, medio que realizó la cobertura del encuentro y que registró las imágenes del partido.

La publicación de Casaretto rápidamente generó reacciones entre sus seguidores. Algunos aprovecharon el posteo para sumarse a las burlas hacia las futbolistas, con especial ensañamiento sobre la arquera. Otros, en cambio, cuestionaron al propio influencer y consideraron innecesario utilizar el alcance de sus redes sociales para ridiculizar a mujeres que simplemente estaban jugando un partido de fútbol.

Y ahí aparece el verdadero problema.

Detrás de cada camiseta hay esfuerzo

Quizás desde la comodidad de una pantalla sea sencillo observar un partido, detectar errores y convertirlos en contenido para generar risas o reacciones. Lo que no aparece en esos segundos de video es todo lo que existe detrás de cada jugadora.

Hay entrenamientos, viajes, familias que acompañan, clubes que hacen esfuerzos para sostener sus actividades, jugadoras que resignan tiempo personal y, fundamentalmente, amor por el fútbol.

Muchas de las chicas que participan del fútbol femenino en Venado Tuerto y la región no viven de este deporte. Juegan porque les gusta, porque encontraron allí un espacio de pertenencia y porque quieren competir. Algunas recién están dando sus primeros pasos y otras llevan años intentando abrirse camino en una disciplina que durante demasiado tiempo tuvo menos oportunidades que el fútbol masculino.

Por eso, utilizar una actuación deportiva —incluso una derrota 10 a 0— para convertir a las protagonistas en objeto de burla resulta, como mínimo, desubicado.

Porque si se pretende analizar deportivamente el partido, hay elementos para hacerlo: el planteo de los equipos, la contundencia de Centenario, las diferencias que existieron durante el encuentro y todo aquello que pueda servir para mejorar. La humillación no aporta absolutamente nada.

El fútbol femenino necesita difusión, no burlas

El fútbol femenino en Venado Tuerto y la región comenzó a recibir mayor atención durante los últimos años. Se sumaron equipos, competencias, cobertura periodística y cada vez más chicas encontraron un lugar donde jugar.

Ese crecimiento necesita precisamente lo contrario de lo que hizo Casaretto: más difusión, más acompañamiento y más respeto.

Las redes sociales tienen un enorme poder. Un influencer con cientos de miles de seguidores puede elegir qué mostrar y, sobre todo, desde qué lugar hacerlo. Puede utilizar su alcance para promover una actividad, destacar el esfuerzo de deportistas amateurs o simplemente respetar a quienes participan de una competencia.

También puede elegir la burla.

En este caso eligió la segunda opción.

Y las consecuencias de esa decisión quedan a la vista cuando cientos o miles de personas se suman a los comentarios y descargan sus burlas sobre personas que probablemente nunca tuvieron la posibilidad de responderle a semejante exposición.

Ganar, perder y seguir jugando

Centenario ganó 10 a 0. Unión y Cultura perdió. Es parte del deporte.

Un resultado puede doler, puede analizarse, puede servir para aprender y puede incluso generar críticas deportivas. Pero después del partido, las jugadoras vuelven a sus casas, entrenan nuevamente y seguramente vuelven a ponerse la camiseta.

Eso también es fútbol.

No hace falta saber quién ganó para entender quiénes merecen respeto.

El fútbol femenino de Venado Tuerto y la región todavía está construyendo su historia. Y para que esa historia crezca hacen falta clubes, jugadoras, entrenadores, familias, dirigentes, medios de comunicación y público.

Las burlas, en cambio, están de más.

Especialmente cuando provienen de alguien que tiene una enorme audiencia y podría utilizar ese alcance para aportar algo mucho más valioso que unos segundos de ridiculización.

Porque detrás de esas imágenes no hay simplemente una arquera que cometió errores o un equipo que perdió por goleada.

Hay chicas que eligieron jugar al fútbol. Y eso, en lugar de ser motivo de burla, debería ser motivo de apoyo.

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