El tenista recordó en el programa PH, Podemos Hablar, el hostigamiento que sufrió por ser el hermano de Guillermo Coria. En Venado Tuerto, donde creció mientras su hermano brillaba en el circuito profesional, vivió situaciones que afectaron su autoestima, lo llevaron a abandonar el tenis durante nueve meses y todavía hoy dejan secuelas. “Me cuesta mucho mirar a los ojos”, confesó.

El nombre de Guillermo Coria quedó grabado en la historia del tenis argentino. Pero mientras el reconocido deportista conquistaba escenarios internacionales, su hermano menor, Federico Coria, atravesaba en Venado Tuerto una adolescencia marcada por las comparaciones, las burlas y el hostigamiento de algunos compañeros. Años después, se animó a contar públicamente el dolor que vivió y las consecuencias que todavía reconoce en su vida.

El tenista, que llegó a ocupar el puesto 49 del ranking mundial, participó del programa PH, Podemos Hablar, conducido por Andy Kusnetzoff. Una consigna relacionada con el bullying lo llevó a recordar una etapa difícil de su historia personal, cuando intentaba construir su propia identidad en una ciudad en la que el apellido Coria ya tenía una enorme repercusión por los éxitos deportivos de Guillermo.

“Él fue muy famoso cuando se me estaba formando la personalidad: 12, 13, 14 años”, explicó Federico, al describir el momento en que la carrera de su hermano comenzó a adquirir una gran notoriedad.

Lejos de renegar de Guillermo, dejó en claro el lugar que ocupa en su vida: “Yo estoy súper agradecido de haberlo tenido de ídolo, porque después fue mi hermano”.

Sin embargo, esa admiración convivía con una realidad que le resultaba difícil de comprender. Como Guillermo pasaba gran parte del tiempo compitiendo y viajando, Federico contó que, durante su infancia, primero lo veía como un ídolo al que seguía por televisión y no tanto como al hermano que tenía cerca todos los días.

Las burlas en Venado Tuerto y el peso de un apellido
Federico puso especial énfasis en el contexto en el que atravesó aquella etapa: Venado Tuerto, una ciudad donde el reconocimiento público de su hermano también se trasladaba a su vida cotidiana.

“Eso en el colegio, en una ciudad chica como Venado Tuerto, no a todo el mundo le gustaba y yo eso no lo podía entender”, recordó.

Uno de los episodios que relató ocurrió en la cantina del colegio, cuando sus compañeros discutían o se burlaban de los resultados de Guillermo en los partidos de tenis.

“Mi hermano jugaba todos los días en un momento, porque ganaba siempre, y yo no entendía cómo había chicos que hinchaban en contra de él. Para joderme a mí”, contó.

Aquellas situaciones, que para algunos podían parecer simples bromas, tuvieron para Federico un efecto mucho más profundo. Según explicó, comenzó a sentir que todo lo que le sucedía estaba condicionado por ser el hermano de una figura reconocida.

“Me hacían creer que todo lo que pasaba en mi vida era por ser hermano de… desde la ropa de marca, desde poder darle un beso a una chica, desde que me vaya bien en el colegio y me fueron rompiendo la personalidad que yo estaba intentando formarme”, confesó.

Su testimonio expuso una de las consecuencias más dolorosas del bullying: la posibilidad de que las burlas reiteradas terminen afectando la manera en que una persona se percibe a sí misma, sus vínculos y su confianza para enfrentar distintas situaciones.

Dejó el tenis durante nueve meses y quiso cambiarse el apellido

La historia también golpeó de lleno su carrera deportiva. Federico contó que, a los 13 años, estaba entre los tres mejores tenistas de Argentina en su categoría. Sin embargo, las comparaciones y los comentarios negativos terminaron influyendo en su relación con el deporte.

A los 15 años decidió dejar de jugar durante nueve meses.
“Me hicieron creer que era un chot…”, recordó, al explicar cómo el hostigamiento fue minando su confianza.

En las canchas, las críticas que recibía por ser el hermano de Guillermo también se convirtieron en una carga difícil de sobrellevar. Federico describió cómo los comentarios de quienes observaban sus partidos terminaban instalándose en su cabeza.

“Había cuatro personas mirando y decía: ‘No, es malísimo’. Te lo terminás creyendo”, relató.

El sufrimiento llegó a un punto en el que incluso quiso desprenderse de aquello que lo identificaba con su familia: “Me quería cambiar el apellido”, reveló.

Con el paso del tiempo, Federico logró retomar su camino en el tenis profesional y construir una carrera propia. Pero su relato dejó en evidencia que superar una etapa de hostigamiento no significa necesariamente borrar todas sus consecuencias.

“Siento que la guerra la gané, pero pierdo batallas”
Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llegó cuando habló de las marcas que todavía persisten.

“Yo miro al piso, me cuesta mucho mirar a los ojos”, admitió el tenista, al describir una dificultad que relaciona con aquellas experiencias de su adolescencia.

Y resumió su proceso con una frase que sintetizó el sentido de su testimonio: “Siento que la guerra la gané, pero pierdo batallas. Hay días en los que dudo mucho de mí”.

La confesión mostró una dimensión poco conocida de un deportista acostumbrado a competir bajo presión y a exponerse públicamente. Detrás de los resultados y de la imagen que proyecta un atleta profesional, también existe una historia personal que puede estar atravesada por inseguridades y heridas difíciles de cerrar.

Un testimonio que interpela a las escuelas y a las familias de Venado Tuerto
El relato de Federico Coria trasciende su historia familiar y deportiva. También invita a reflexionar sobre el bullying en las escuelas, la responsabilidad de los adultos frente a las burlas y la importancia de no minimizar las situaciones de hostigamiento entre compañeros.

En Venado Tuerto, ciudad en la que el tenista recordó haber atravesado aquellos años difíciles, sus palabras adquieren una dimensión especial. No se trata solamente de la historia del hermano de una figura del deporte, sino de un joven que, mientras intentaba descubrir quién quería ser, sintió que las comparaciones y las burlas condicionaban su identidad.

El bullying no siempre se manifiesta mediante agresiones físicas. También puede aparecer en forma de comentarios, humillaciones, burlas reiteradas y situaciones que, aunque parezcan inofensivas para quienes las protagonizan, pueden afectar profundamente a quien las recibe.

Por eso, el testimonio de Federico pone sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿cuántas veces se naturalizan situaciones de hostigamiento que dejan marcas mucho después de que terminan?

Su historia también deja una enseñanza: nadie debería tener que cargar con las expectativas, los logros o las comparaciones que otros construyen a su alrededor. Federico Coria consiguió abrirse camino en el tenis profesional, pero eligió contar que el recorrido no fue sencillo y que algunas batallas personales continúan.

Hablar de lo que pasó, ponerle palabras al dolor y visibilizar sus consecuencias puede ayudar a que otras personas que atraviesan situaciones similares encuentren comprensión y acompañamiento.

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