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Por Juan C. Rodríguez

Daniel Burela es el alter ego de un periodista conocido. Cuenta cosas en su diario, muy cercanas a la realidad. Mezcla ficción y literatura con pantallazos de lo cotidiano. Series, libros y música, alternan con páginas salientes de la época que transitamos. Entremos, veamos lo que nos propone cada día.

Daniel Burela es un periodista que transitó redacciones, anduvo por varias radios, lleva muchos años en la televisión. Tiene ideales, y gusto por ciertos placeres: la buena música, algunas series de TV, es un lector empedernido, ama viajar. Si algo le disgusta de su profesión es que muchos periodistas mendigan por un plato de comida, por unas facturas en los programas de la mañana, por alguna entrada en un recital. Le da bronca que muchos piensen “A los periodistas los arreglamos con una comida después”, y la aglutinada convocatoria, les da la razón. Se desesperan ya no por un asado, sino a veces por dos sándwiches de pata. Y otra cosa que le molesta son aquellos colegas que no entienden que esto va y viene, que hoy podés estar en la mejor radio, o el mejor diario, y eso no te habilita parta creerte el mejor periodista. Uno debe dar lo mejor de sí, perfeccionarse permanentemente, hacer cursos, leer, capacitarse, así esté en el mejor medio o en el más humilde. Por ahí pasa uno de los secretos de la profesión. No muchos lo entienden. Cuando caen, les duele mucho. Es muy duro. Burela está escribiendo un diario de su vida. Accedamos a algunas páginas.

Viernes

Subo algunas fotos a facebook, de notas realizadas en el pasado. No sólo sirven de recuerdo, sino también para convocar a la nostalgia de otros que vivieron ese momento, o épocas similares. Emociona ver los resortes que uno puede activar. Alguien me dice que no mucha gente puede soportar semejante archivo, de haber entrevistado a tanta gente, de tantas ideas diferentes, de tantas extracciones diversas, y poder soportarlo son coherencia, sin que aparezcan contradicciones. Lo tomo como uno de los elogios más fuertes recibidos. Me obliga a seguir por el mismo camino. Pienso que no todos tienen la misma coherencia. Doy una vuelta por algunos de los bares del centro, aunque sé que es viaje no tiene sentido. No encuentro con quién sentarme. ¿Será bueno o malo eso? Estoy escribiendo un diario, porque quiero que sepan que sigo pensando lo mismo, criticando las mismas cosas que criticaba cuando tenía veinte años. Sigo fiel a mis ideas, más allá de que no haya un político, o un partido político que las represente. A veces pienso que quizás no tenía que ser político, pero me hubiese gustado que me den participación en lo cultural, uno de los ejes donde se apoyó mi vida. No le tengo miedo al fracaso. Me espanta la mediocridad.

Sábado

Un par de días antes estuve con el Subcomisario Alejandro Druetta, jefe de Drogas Peligrosas del Departamento Gral. López. Larga charla, donde descubrí un policía muy valiente, con cierta desesperanza. Cuando desgrabo la nota, repaso las frases más importantes: “Las leyes están muy flexibles para el narcotraficante: nosotros lo detenemos y al muy poco tiempo está en libertad por cuestiones legales”, apunta. Señala que Venado Tuerto tiene una sociedad con alto poder adquisitivo, “hay mucha oferta porque hay mucha demanda”, sintetiza.

Asegura que no hay paco en toda la provincia, es rotundo cuando afirma que no está de acuerdo con la despenalización del consumo, y cuando le pregunté qué sentía cuando se dice que en el tema de la droga hay complicidad de la policía, es clarito: “Es cierto, todos sabemos que hay connivencia, pero es obvio que no todos los policías son cómplices, hay mucha gente que trabaja bien. Siempre hubo delincuentes, como en todas las profesiones”, señaló. Dijo que si hubiese una fiscalía local o regional, sería más rápida la respuesta, por ejemplo, ante un pedido de allanamiento o ante una posible detención. Habría que bregar por eso.

Domingo

Leo a William Tackeray. Dice que la valentía nunca pasa de moda. Veo lo que pasa en Tucumán, varios días seguidos yendo a la Plaza de la República, reclamando por transparencia, pidiendo nuevamente elecciones. Son gente valiente. Saben que están siendo filmados, que quizás luego tomen represalias con ellos. Pero siguen yendo. Hay pueblos valientes en la Argentina. No todos, pero hay, y es digno de destacarlo.

En un diario rosarino, un periodista, al que le mataron el hermano dice que esos mismos dirigentes que piden hasta el hartazgo que los voten, que buscan de todas las formas que se evite hablar de los temas que no pudieron resolver, son inútiles de toda ineptitud. Se pregunta si alguien pensó en renunciar como un modo de reconocer su incapacidad. Los mismos que dicen hacer todo lo que pueden, saben que no es así, saben de las connivencias, de la corrupción, de las zonas liberadas y del desvío de recursos. Coincido con ese periodista. Pero dice que se siente como un idiota pidiendo con esas líneas que hay que trabajar en serio y sin hipocresía para tener un país mejor. No lo conozco, pero quisiera que sepa que yo también me siento como un idiota pidiendo lo mismo.

Lunes

Se muere Wayne Dyer. Leí “Tus zonas erróneas” de él, y vi algunos videos. Me llama la atención la cantidad de seguidores que tiene por todo el mundo. Hablo con un amigo, ni idea de quién es, ni sabía que escribió un libro. Pienso que mis temas no son interesantes. Subo un post sobre su muerte a facebook, y muchas personas se lamentan, lo despiden, hablan de lo que aprendieron. En ese mismo contexto de competencia que suele inundar las redes sociales, me fijo si hay posts hablando de la muerte de Wes Craven, director de Scream, y prácticamente el creador de Freddy Krueger. Veo con desazón que son muchos más. Creo que vivo equivocado. Conmueve más la muerte de alguien que tenía fama de ser un maestro del miedo, que hacía filmes para aterrar, y no conmueve tanto la desaparición de un maestro de la vida.

Martes

Veo que el “Gigoló” sigue paseando por todos los canales. Muestra su nuevo comedor, igual se le entiende poco, se pone la mano en la cara, con un dedo se toca la oreja, hay mucha histeria en sus gestos. Imagino a Cal Lightman, el de “Lie to mie”, analizando su comportamiento, detectando mentiras. Se haría un picnic. No deja de ser algo generalizado. Todos mienten. Y después niegan, o lo reconocen, pero también ensucian al otro. Se da el fenómeno de “mejor un corrupto conocido, que un corrupto por conocer”. Recuerdo la frase de Arthur Bloch, “Todos mienten, pero no importa porque nadie escucha”. Así estamos.