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Por Juan C. Rodríguez

Entrevistado por La Guia, “El Macho” Araujo cuenta su vida, desnuda sus obsesiones, da a conocer su personalidad, y desgrana conceptos sobre una actividad que es criticada, pero que encierra inmensas dosis de sacrificio y constancia. También asegura que este sábado ganará en su pelea en Rosario.

Gay Talese, uno de los referentes del llamado Nuevo Periodismo, que creó escuela a base de usar las herramientas de la ficción para aplicárselas a la escritura periodística, ha confesado que el deporte sobre el que más le gusta escribir, es el boxeo: “El boxeo es drama, es teatro. Me gusta porque es un deporte de uno contra uno, una historia con solo dos personajes en la que uno siempre gana y el otro siempre pierde. En boxeo de verdad vives el deporte. Si te sentás cerca del cuadrilátero puedes oír lo que dicen los luchadores y sus entrenadores, puedes escuchar el sonido de los guantes golpear contra las caras. A veces incluso te salpica el sudor y la sangre. Como escritor de deportes, el boxeo te permite tomarte tu tiempo con los boxeadores, quienes normalmente se preparan durante seis semanas para un combate. En ese tiempo, en el que viven como monjes, están muy solos. Así que si puedes acercarte a ellos tendrás la oportunidad de conocer su psicología, su mentalidad”. Desde esa premisa, quise acercarme al “Macho” Araujo, justo en la semana previa a su próxima pelea. Si bien uno debe investigar mucho a una persona, para poder conocer acabadamente su personalidad, en una charla mano a mano, bien de cerca, habiendo leído antes algunos reportajes y conociendo algo de la vida del entrevistado en cuestión, se puede acceder a su verdadero deseo.

En el Centro de Alto Rendimiento Deportivo, calle Runciman cerca del puente, donde trabaja cotidianamente, cada uno en una silla, fuimos dándole forma a un diálogo que buscaba llegar a su interior. Como todo hijo de ferroviario, por lo general a uno le toca nacer dónde su padre es trasladado. Así fue que en Monte Coman, cerca de San Rafael, Mendoza, nació Elías Araujo. Ya a los dos años su padre fue trasladado a Rufino, donde cursó primaria y secundaria, y al recibirse, se vino a Venado Tuerto para hacer el profesorado de Educación Física: “Hice dos años y me fui a Rosario, donde tenía otros hermanos; ahí terminé la carrera”, relata, cuando todavía no se le cruzaba por la cabeza ser boxeador, actividad que comenzó recién a los 23 años, con casi 67 kilos. Hoy, con 61 kilos, es peso ligero, categoría en la que se siente cómodo.

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Cuentan que Ernest Hemingway, quien más de una vez calzó guantes, se comparaba con otros escritores como si hablara de boxeadores, y dejaba frases como "Yo a Chejov le gano por puntos en fallo unánime". Después de todo, si algo tienen en común los boxeadores y los escritores, es su tremendo ego, su capacidad de expresarse sin palabras y la soledad. Eso sí, los pugilistas tienen la posibilidad de descargar toda su furia en el otro. "Es como un juego de ajedrez, en donde hay que resolver problemas, pero sin tiempo alguno para pensar, hay que actuar", decía otro fanático del boxeo, Norman Mailer.

Yo quiero encontrarle el tono a la entrevista, que no se desarrolle por una planicie, donde nos rodee el cielo celeste y no haya ni miras de tormenta. Quiero, como dice Talese, encontrar su personalidad.

El Macho me cuenta que se fue a Rosario porque acá estaba medio vago, estudiaba poco, que antes había jugado al fútbol en Ben Hur y en Newbery de Rufino. Que hoy su entrenador es Iván Protti, el mismo de siempre, que tiene una nutricionista que le hace un plan de alimentación: “Como lo que quiero, un asado a veces, una factura, un vinito en las comidas”. Le busco la cuota de sacrificio: “Entreno de lunes a sábado, dos o tres turnos diarios, a veces sumo cuatro horas en el día”. Este Elías, que se puso sólo el apodo de Macho, como para convencerse, para darse aliento, casi salta de la silla cuando le pregunto si el box es violento: “No es violento, hay más violencia en otros deportes, se transgrede mucho mas el reglamento, intentando sacar ventajas. Pegarse, en el box, forma parte del reglamento, eso no es violencia. En el box los golpes son fundamentos técnicos y habilidades que son necesarias para superar al rival”, dice, como un mantra, como lo señalan infinidad de boxeadores. Pienso que nos vamos acercando al personaje:

-¿Viste Gatica, Elías? “Vi partes, no la vi toda”.

-Sabés que hay críticos que dijeron que es bella. ¿Tiene belleza el box?

“El boxeo es como todo deporte, yo le encuentro belleza, viéndolo del lado deportivo, entrar, salir, conectar el 1-2, tener ese segundo para meter el cross de derecha… eso es hermoso, poder ver esos detalles es hermoso, que la gente por ahí no ve eso, la gente ve sangre y dos tipos pegándose piñas”, dice, y me acerca a su manera de pensar… está saliendo el verdadero Macho, ese que ama su profesión.

Hay una interminable lista de libros sobre box, escritos por tremendas plumas, y uno sabe que en esta a veces sangrienta actividad, hay mucha miga para sacar. Aunque ni por asomo se pueda arrimar a la monumental entrevista que el propio Talese le hizo a Floyd Patterson, o los libros que se hicieron sobre la pelea Firpo – Dempsey, a la que Julio Cortázar definió como "El acontecimiento más importante del siglo", uno quiere llevarle al lector una pizca del alma de este boxeador: ¿Te transformás arriba del ring? No, no me transformo, sólo me concentro en lo que tengo que hacer, sé que tengo que pelear, debo ser malo, agresivo…. Le debo pegar a mi rival.

-Una vez dijiste que hay adrenalina y miedo, ¿miedo a que?  “Miedo a uno mismo, miedo a cansarte; no tengo miedo en el ring, tengo miedo a veces de no tener voluntad, sé que hay que pasar por encima esas ganas de no entrenar. Odio cuando se me cruza por la cabeza abandonar,  porque estoy muy cansado. Pero lo hago porque es necesario para ganar. Es difícil describir al miedo, yo no le doy margen para que esté, trato de superarlo, y para eso no necesito a nadie”.

Ya lo voy teniendo, ya está apareciendo… ¿Sos de mirar fijo al rival en el pesaje? “Sí, lo miro fijo…”.

¿Ahí empieza la pelea para vos? “Sí, claro, la mirada es muy importante, yo lo miro fijo, si me baja la mirada ya me di cuenta que me lo comí… en cambio, si no me baja la mirada, pienso esto va a estar bueno”.

¿Monzón o Locche?, le tiro, como para plantar la antinomia: “Los dos. Me quedo con Monzon, me gusta más ese estilo, Locche era un dotado, pero Monzón era más de pegada, destructivo…”.

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Hay otro libro que es imperdible, “Entre las cuerdas, Cuadernos de un aprendiz de boxeador”, escrito por Loïc Wacquant, un sociólogo francés que viajó a Estados Unidos para realizar una tesis doctoral sobre los suburbios, y se metió con el modo de vida que rodea a un boxeador, así como los problemas que sobrellevan los deportistas con realidades tan crudas. A veces lo crudo está en no tener novia, ni sexo. ¿Cómo no tocar ese tema?: -Leí que decís que no querés involucrarte con mujeres. Hay boxeadores que dicen que su libido está en el boxeo, que si hacen el amor en etapa de entrenamiento, es como si hubiesen engañado al box, como que no corresponde, no físicamente, sino moralmente. ¿Te parece un disparate?

-No me parece un disparate, tampoco es que uno engaña al boxeo, pienso que hay que poner  foco en otra cosa, si yo estuviese con una mujer, me distraería, me sacaría la mirada de mi camino, después habrá tiempo para eso.

Ya está el Macho, y a pesar de estar ahí sentado, parece que estuviese moviendo la cabeza, de un lado al otro, soltando ráfagas de golpes, debilitando al rival, queriendo que se acabe la pelea, arrinconándome, sacándome el aire. Le tiro otra: ¿Sos de rezar?

-No, no rezo, yo voy decidido, me tengo fe, sabiendo cómo voy a pelear y listo. Me gusta que las peleas se terminen lo antes posible, así no me canso, no termino golpeado, y puedo masticar, comer asado, y empezar a pensar en la próxima.

-¿Conoces a tu próximo rival? “Sí, vi un video”. ¿Le ganás?, lo provoco: “Sí, le gano”. Y la determinación que tiene su mirada me saca las dudas. ¿Hasta dónde querés llegar?  Lo más lejos posible, campeón mundial en 4 o 5 asociaciones, y si puede ser en un par de categorías. ¿A qué edad? A los 31 o 32 años.

Ya está. Ya lo tuve. ¿Se entendió? En su larga antología de artículos deportivos, Talese dice que el deporte es muy representativo e indicativo sobre la vida. Es una forma de arte. Y que sus personajes acaban representando para él un alter ego, se convierten en guías de viaje de experiencias que uno nunca ha vivido personalmente. Eso me pasó con él. Ahí está el “Macho” Araujo en estado puro. Asegurando que la pelea empieza en las miradas del pesaje. Firme en el concepto que una mujer lo distraería. Y sobre todo, sin dejar aparecer del todo al matador en el que se transforma en el ring, aunque lo niegue. Y más allá de la alta estima y la aprobación que siempre los pugilistas quieren conseguir, sin situarse en un pedestal desde el cual pontificar, sin tener idea que está dejando un mensaje trascendente, el Macho dice que su único miedo es a no tener ganas de entrenar, su temor es que lo invadan las ganas de dejar. Menudo ejemplo para los días que corren, donde inmensas mayorías dejan sus objetivos al primer tropiezo. Así lo dejo, con el mate en la mano, dando indicaciones sus alumnos, esperando la mañana del viernes, que es cuando en realidad, para él, comienza la pelea del sábado.