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Al menos 17 personas han muerto y cuatro estaban desaparecidas tras las fuertes lluvias que cayeron el sábado por la noche en la Costa Azul francesa, en las inundaciones más mortíferas en el país en cinco años. El presidente François Hollande, que visitaba las zonas afectadas este domingo para mostrar su solidaridad a las víctimas, advirtió que este balance podría empeorar. El tráfico ferroviario estaba afectado en el sureste del país, unos 14.000 hogares seguían sin electricidad a media tarde y unas 150 personas estaban alojadas en centros de acogida. El consejo de ministros reconocerá este miércoles el estado de catástrofe natural y los afectados serán indemnizados en un plazo de tres meses.

“En el conjunto del departamento lamentamos la muerte de 16 personas”, anunció Hollande desde la localidad de Biot, cerca de Niza, donde el mandatario inició su visita a la zona afectada a media mañana acompañado por el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve. La prefectura de Alpes Marítimos actualizó por la tarde el balance a 17 muertos y cuatro heridos. Hollande manifestó su apoyo a los familiares de las víctimas y su solidaridad a todos los afectados y rindió homenaje a la labor de los equipos movilizados.

Si bien la región estaba en alerta naranja (la anterior a la máxima) por la llegada de tormentas, las lluvias del sábado por la noche sorprendieron por su intensidad y por producirse de forma tan localizada: se concentraron en unas horas y en apenas una treintena de kilómetros a lo largo de la Ribera francesa entre Mandelieu-la-Napoule y Niza. Las precipitaciones desbordaron los ríos de la región que se llevaron por delante coches y árboles sustituyendo imágenes de postal por unas de vehículos volcados, oleadas de agua y carreteras bloqueadas por troncos.

A las ocho de la tarde las calles comerciales de la glamurosa Cannes se habían convertido en torrentes de agua y la ciudad despertó con la estación de tren totalmente anegada. Aunque las localidades más afectadas fueron las menos conocidas Mandelieu-la-Napoule y Biot.

En total, la zona recibió en apenas dos días el equivalente en lluvias a la media de un mes de octubre habitual, lo que supone el 10% de las precipitaciones anuales, según cálculos del ayuntamiento de Niza. Además de su intensidad difícil de prever con los métodos actuales, la magnitud de la catástrofe se explica en parte por la fuerte urbanización de la costa afectada, según explicó a la prensa Pascal Brovelli, director adjunto de la dirección de las operaciones del instituto Météo-France .“Las fuertes lluvias en suelos de hormigón han provocado importantes derramamientos que han llevado a este balance”, indicó.

Entre las víctimas mortales se encuentran tres pensionistas de una residencia para personas mayores de Biot, que dormían en la planta baja del edificio, donde el agua subió a más de un metro de altura. Siete personas murieron atrapadas en sus garajes en Mandelieu-la-Napoule. Otra persona murió en un camping de Antibes, los equipos de rescate descubrieron el cuerpo sin vida de una mujer de unos 60 años cerca de un parking en Cannes y tres personas han fallecido ahogadas en el interior de su coche en Vallauris-Golfe-Juan.

En Niza, nueve personas que trataron de aprovechar el caos para saquear unos comercios han sido detenidas, según anunció el ayuntamiento.

En lo más fuerte de las lluvias del sábado por la noche, hasta 70.000 viviendas quedaron sin electricidad y unas 14.000 continuaban sin luz por la tarde, según ERDF, el gestor de la red de distribución de electricidad. El tráfico ferrovial por su parte estaba interrumpido entre Toulon y Niza y el lunes se preveía que seguirían las perturbaciones. La autopista A8 reabrió durante la mañana en una vía en cada sentido entre Niza y Antibes, numerosas carreteras seguían bloqueadas y el túnel de Mónaco estaba cerrado en ambos sentidos. 

El Consejo de Ministros reconocerá este miércoles el estado de catástrofe natural para las víctimas, que optarán a las indemnizaciones en un plazo de tres meses, según anunció por la mañana Hollande. “En estos momentos, es necesario que actuemos con rapidez, eficiencia y de forma coordinada”, señaló. También se creará un fondo para las colectividades locales afectadas. La organización humanitaria Socorro Católico lanzó por su parte una llamamiento a donaciones para los afectados.

A la espera de un balance definitivo, las de este fin de semana son las inundaciones más mortíferas que ha vivido el país desde junio de 2015 que devastaron a pueblos enteros también en el sur de Francia, en el departamento vecino de le Var. Entonces murieron 23 personas, dos permanecen desaparecidas y los daños provocaron se evaluaron a cerca de 1.000 millones de euros. El año pasado, una sucesión de tormentas en todo el sureste dejaron también 17 muertos y desaparecidos entre el mes de septiembre y de noviembre.